jueves, agosto 04, 2005

Cuando no aparecen invoco…


Se encuentran en el territorio de lo imperceptible, son amantes perfectos en la inmunidad de la noche. Nadie conoce certeramente el lugar en el que descansan su inmediatez necesaria para con el mundo. Albur cuando la luz del día es tan pertinente que se hacen visibles, Íncubo y Súcubo se deshacen en otredad de la malicie para disfrutar plácidamente de los frutos adquiridos, robados, ultrajados y seducidos. Escogen a sus víctimas con la delicadeza que la muerte utiliza para rondarlos, suele disfrutar el acto de lejos, su respiración se agita en silencio y más de una vez ha estirado sus destructivos dedos, queriendo formar parte de la escena mientras el ser es poseído. La triste verdad: nadie es capaz de satisfacer a dichos demonios excepto por su compañero. Fueron creados, bajo la trampa mortal de no pertenecer ni al bien ni al mal, sino ser esclavos del placer y la lujuria. Cazadores incesantes de sus víctimas, pero el placer real se encuentra cuando como únicos y gemelos se revuelcan dentro del otro, destrozando, muriendo, en el estado de placer agónico más intenso que pueda existir jamás.

Esta noche he hallado a Íncubo cómodo a la espera. No puedo predecir que siempre sea igual, pero hace muchos siglos atrás llegué a un pacto un poco pérfido pero certero - algunos demonios gozamos el privilegio de hacer estas cosas -. Mi condición andrógina pacta también con Súcubo, aunque he de reconocer que en esta vida, la semilla de la feminidad ha dejado marcas evidentes en mi. Yo les doy mi energía de vida, a cambio de un poco de epicureismo real. El acto dura apenas unos segundo, conmigo ya no tienen que rearmar su trampa una y otra vez, de acceder al deseo a través del sueño, para cuando empiezan a sudar del placer, el demonio se haga materia y cada una de sus caricias y penetraciones - o contracciones vaginales en el caso de Súcubo -, representan el hilillo aniquilante del sucumbir energía. Conozco sus exigencias, más no sus enigmas, aun así soy prisionera de ellos. Íncubo es un buen estratega, me llega despacio y adjudica la muerte que necesariamente mi pudor requiere, dándole a mi clítoris el instante sublime de orgasmo más intrínseco al que puedo llegar, por el contrario de Súcubo que me exige la transformación pertinente de femenino a masculino, para obtener de mi semen el magna imperioso que exhorta. Y si me duermo antes de su visita se convierten en mi peor pesadilla, porque olvidan el trato y lo hacen de su vulgar, despiadada manera. Torturan, utilizando la crueldad, erotismo en medio de las venas, volcando mi capacidad de percepción en mi enemigo natural, transmutándome en una más de sus mal nacidas víctimas estridentes.

Oscuridad he estado alerta, sería impúdico negarme la placidez de disfrutarlo, y verlos despacio ante la abnegación que le representa cumplir con aquello que se deslindó bruscamente.

Cuando no aparecen invoco…

Mi sexo hambriento te reclama
como ha reclamado decenas de veces tactos perfectos
lenguas enredadas
pero esta noche sólo tengo mis manos,
unos dedos que sin pudor se deslizan encontrando vertiginosamente
la humedad que te piensa
el juego suave y conciso, después de tanto tiempo sin tenerte
he aprendido cómo satisfacerme con tan solo un recuerdo
No eres un rostro o un sentimiento
todo lo he desechado
ahora eres simplemente el calor que emanabas al tenerme
y yo me estremezco al pensarte
demonio que toma y reclama mi sexo .

5 comentarios:

Angel dijo...

Uh... me gusta este.. bueno, los demas tambien, pero este me gusta muchisimo... me encanta como te expresas sireeeeee!! :)

Sirena2903 dijo...

ayyyyyyyyy mopaaaaa (pk ya no eres pelusa heheheheh) gracias ^_^

Anónimo dijo...

Cuando invoques puedo aparecer... nuevamente! Definitivamente siempre me ha gustado ese relato, siempre lo leo una y otra vez, recordar es vivir.

Danielys dijo...

Me encanta que te guste.. un beso

Anónimo dijo...

Sucumbir en tus entrañas, sentir el latido de tu sexo en mi alma, navegando en tu sangre que inflama mi sexo.

Tus heladas manos transformandose en la caricia mas tremula y lujuriosa en mi falo caliente ardiendo de deseo.

Tu lengua dandome de beber el nectar de tu alma .